Jesús quiere que nos desapeguemos del deseo del «hacer», tan natural en la humanidad, para comenzar a desear el «estar» que tanto nos cuesta. Muchas veces pasamos cada día, cada momento, preguntándonos qué más podemos hacer por Dios, o por nuestros seres queridos. Queremos, deseamos, anhelamos desde lo más íntimo de nuestro ser el estar en acción, el hacer algo, el producir, para así poder ver el fruto de nuestro trabajo.
Esta misma concepción la tenían los discípulos de Juan quienes le preguntan, en otras palabras: ¿Por qué tus discípulos no hacen algo externo como nosotros y los fariseos lo hacemos?
Es en la respuesta de Jesús donde descubrimos lo que verdaderamente es prioritario, esto es el *«estar».* Jesús no menosprecia el hecho de ayunar, o sea el estar haciendo, pero dice que lo más importante es el estar con el novio, con Él. Este «estar» con el Maestro ha de ir sumergido en el amor, y de este amor mutuo surge el «hacer» como respuesta de amor para con aquel que tanto amor nos tiene. (Mateo 9:14-15)
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