viernes, 24 de enero de 2020
Podemos ver los síntomas, pero ¿entendemos realmente qué es lo que está causando el problema?
Una enfermera de California, Estados Unidos, recuerda una ocasión en que trabajó arduamente junto al equipo de la sala de emergencias con un pequeño niño que constantemente regresaba con problemas respiratorios. Durante todo un año el niño fue examinado vez tras vez, dando como resultado un diagnóstico de asma. Los médicos y las enfermeras no lograban dar con la causa de los ataques, y cada vez que el pequeño era examinado, el misterio de su lucha para respirar seguía intrigándolos. El niño no tenía historia médica de asma y se descartó que se tratara de una reacción alérgica después de que se le hicieron las pruebas. Todos los síntomas eran los característicos del asma, y era tratado según esa sintomatología y enviado de regreso a su casa.
Lo que sí era seguro, era que tarde o temprano volvería a presentarse un nuevo ataque y regresaría a la sala de emergencias del hospital. El equipo comenzó de hecho a encariñarse con el niño, pero se sentía desconcertado sobre cómo ayudarlo con su problema. Un día que el niño ingresó nuevamente a la sala de emergencias con muchas dificultades para respirar, a uno de los médicos de guardia se le ocurrió echar un vistazo a las fosas nasales del pequeño. Allí, en el fondo de la nariz, el doctor descubrió un caramelo tipo «gomita» que bloqueaba el flujo de aire (este quizá había sido introducido por su hermano). El doctor y su equipo lograron retirar el obstáculo de manera exitosa, y el problema quedó resuelto. ¿Podemos imaginarnos el alivio que sintió este pequeño cuando pudo por fin respirar de manera adecuada?
Como humanos, podemos ver los síntomas del pecado, pero, ¿entendemos realmente qué es lo que está causando el problema?
Dios rara vez responde nuestros «porqués» respecto de sus acciones. ¿Qué preguntas deberíamos hacer para llegar a la raíz del problema?
¿Cuáles son las cosas que deberíamos preguntar sobre el carácter de Dios y el carácter de Lucifer, el ángel caído?
Cuando el pecado mostró su horrible rostro en el cielo, ya no hubo dudas de que era imprescindible detener a Lucifer. ¡Había que mantenerlo alejado de Adán y Eva! La solución parecía obvia: ¡Si se exterminaba a Satanás, se acabaría con el pecado! Pero no era así de fácil. Dios conocía el problema a fondo y, a la luz de su deseo de crearnos, tomó la decisión de expulsar a Lucifer del cielo y de continuar con su plan de crear la tierra.
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