Señor, tu exclamas “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” y eso es lo que te pido, tu perdón por mis cobardías, por mis egoísmos, por mi falta de compromiso, por mi persistencia en caer en la misma piedra, por mis faltas de amor, por mis faltas de compasión, por mis indiferencias con los demás, por mi corazón cerrado al perdón, por mi prejuicios, por mi tibieza, por mi falta de generosidad, por no seguir con autenticidad las enseñanzas del Evangelio, por mi mundanalidad, por mi falta de servicio… por todo ello, perdón Señor.
Enséñame a amar como lo haces Tú, entregarme como lo haces Tú y perdonar como lo haces Tú, Señor, Tú le prometes al buen ladrón que “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” y por eso te pido hoy que sepa mirar a los demás con Tu misma mirada de amor, perdón y misericordia, hazme, Señor, ver sólo lo bueno de los demás y que no me deje llevar por las apariencias, concédeme la bendición de ayudar siempre al necesitado, de no juzgar ni criticar y tener siempre palabras de amor y consuelo al que lo demanda cerca de mí.
Señor, tu exclamas “He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre”, por eso hoy te doy las gracias porque aún en la cruz nos das ejemplo de amor a imitar en nuestras familias.
Señor, tu gritas angustiado “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, en este grito yo me siento identificado con mi angustias, mis problemas y mis dificultades, confórtame siempre con tu presencia, Señor.
Envía tu Espíritu para que me ilumine siempre y me haga fuerte ante la tentación, seguro en la dificultad, tenaz en la lucha contra el pecado y firme ante los invitaciones al mal de los enemigos de mi alma.
Señor, tu suplicaste “Tengo sed”, yo también tengo sed de Ti porque son muchas las necesidades que me embargan pero las más grandes son tu amor, tu esperanza, tu consuelo y tu paz, ayúdame a no desconfiar de Ti, Señor, porque Tú eres la certeza de la Verdad, que nada me aparte de Ti, Señor, pues es la única manera de saciar mi sed.
¡Señor, tu dices que “Todo está consumado” pero a mí me queda mucho camino por recorrer, ayúdame a serte fiel, a tomar mi cruz y seguirte, a levantarme cada vez que caigo, dedicarme más a los demás y menos a mi mismo, a contemplar mi Cruz como una bendición y no como una carga, a descubrir que en la cruz todo se renueva, que es el anticipo de la vida eterna.
Señor, tu exclamas “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, yo también me pongo en tus manos para que me llenes de dones y bendiciones, agárrame en tus manos para sentirme seguro y protegido.
Señor, ayudarme a orar más y mejor, a darte gracias y a bendecirte, a maravillarme por tu amor y tu gracia.
Amén
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