lunes, 8 de marzo de 2021

Clásicos de comienzo de año


Hay clásicos que  vienen a  nuestra existencia periódicamente y  atraen  nuestra atención hacia sí con su llegada.
Así, por ejemplo, para los amantes del fútbol, el clásico es un partido, más bien varios al año, que esperan con emoción y da para largas tertulias y algún que otro sofoco.
La Navidad es también un clásico en nuestras vidas que todos los años viene para dirigir nuestra mirada a Belén y llenarnos el corazón de buenos propósitos.
Al iniciar el año, es un clásico hacer propósitos para el nuevo tiempo que comenzamos. No te será extraño escuchar cosas como: «Este año dejo de fumar» o «Esta vez sí que voy a empezar a correr todas las noches después del trabajo». Empezar a hacer deporte, adelgazar unos kilitos, dejar de fumar son algunos de los clásicos de principio de año. ¿No te parece poca cosa? No digo que esté mal proponerse cosas de esta naturaleza, pero ¿de verdad apuntamos alto con ellas? Dicho de otro modo, si al final del año hicieras un repaso de lo que ha sido para ti y comprobaras que has cumplido ese propósito de inicio de año, ¿bastaría eso para hacer de ese año un año memorable? ¿Quedaría indeleble en tu memoria como «el año que empecé a correr»? Parece que no.
Es bueno hacer propósitos, proyectar cosas para el año que comienza, pero apunta alto. No te quedes en cosas superficiales y secundarias. Ponte delante de Dios con sinceridad y piensa aquellos aspectos de tu vida, empezando por tu trato con Jesús, en los que durante este año que empiezas puedes mejorar. «El año en que tomé en serio la oración» ese sí es un buen título, mucho mejor que el de dejar de fumar o adelgazar. Un año así, en el que te decidieras a ir por caminos de amor de Dios, ese sí sería memorable. Piensa, proyecta, sueña qué va a ser este año que comienza; y apunta alto, muy alto, al cielo.

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